24 abr 2009

Nadie.

Nadie sabe cuál es el sentido de la vida.

Nadie es una mujer o un hombre, de corta o avanzada edad, gracioso, amargado, seco, alegre, triste, tonto, inteligente, ñoño, feo, guapo, alto, bajo, gordo, flaco, fanfarrón, torpe, codicioso, rácano, derrochador, listo, único, imposible, loco, estudioso, poeta, escritor, pintor, investigador, policía, arquitecto, conductor de taxis, profesor, dentista, está en el paro.

Nadie puede ser un perro, un gato, un tiburón, un ciervo, un besugo, una mariposa; un animal; una orquídea, una margarita, una amapola; una planta.

Puede ser el vecino de al lado, tu madre, tu padre, tus hijos, tus abuelos, tus hermanos, tus primos; tu familia; tus amigos, tus enemigos, ese tipo que te encuentras todas las mañanas al ir a trabajar, tus compañeros de trabajo, el camarero del bar de abajo, el que te llama para ofertas de móviles, el que se equivoca de número, tu cantante favorito...

Nadie es Nadie, y todos somos Nadie.

Nadie está en todas partes. 

Nadie da buenos consejos, y siempre, siempre, siempre, está cerca, muy cerca.

Nadie no existe, pero está ahí.

Está ahí y lo sabes.

Puedes sentir su presencia allá donde vayas.

Porque Nadie siempre te acompaña.

Porque Nadie somos todos.

Porque siempre hay alguien alrededor.

Nadie es ese alguien, tenga buenas o malas intenciones.

Porque, en muchas ocasiones, Nadie es malo, mientras que en otras muchas, es bueno.

Porque Nadie somos todos.

Pero el día en que Nadie se muera, se jubile, le despidan con esto de la crisis, deje de trabajar, huya, desaparezca, le rapten, o, simplemente, deje de estar ahí, será el peor día de tu vida, de la vida de los demás, del mundo, de las plantas, de los animales, del mar, de la tierra, del cielo, del mundo: del universo.

Será el peor día del universo.

Porque Nadie no estará.

Porque Nadie somos todos.

Y si Nadie desaparece, desaparecemos todos.

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