4 abr 2009

RELATO: El mundo de los muertos

Lo primero que ves una vez que estás muerto, es una gigantesca estación de tren donde hay muchas personas. Claro, al principio no sabes que narices ha pasado, ni como es que te has teletransportado así, tan de golpe; pero claro, luego te acuerdas de tu muerte, por ejemplo: "Ah, ya me acuerdo, estaba en el avión cuando nos estampamos todos contra el suelo, vale, vale..."

Y luego piensas, que claro, que estás muerto y que el tren que vaya a llegar es para llevarte al cielo o algo.

Bueno, el caso es que estás en la estación y entonces aparece un tren enorme y entras en él.
En el tren se está peor que en el metro, hay mucha más gente. Casi no se puede ni respirar..., claro, que para que vas a respirar si estás muerto... pero no, es que nos muertos también respiran porque también pueden morir. La del muerto es como otra vida. Y si te mueres como muerto, pues no sé que pasa, porque a mi no me ha pasado.

A ver, al tema, el caso es que eso, que estás en el tren y que, tras unas cuantas horitas de viaje, llegas a un sitio parecido a los exteriores de una ciudad, donde hay unos cuantos puebluchos por aquí y por allá, y más adelante hay una ciudad que se ve a lo lejos.

Bueno, sales del tren y hay un tipo super nervioso que se va acercando a todas las personas que han salido del tren y les coge el brazo y mira una pulsera que tenemos todos en la muñeca (pero que no te das cuenta de que la tienes hasta que el tipo ese lo grita).

El tipo la mira y dice que vayas aquí o allá, dependiendo de lo bueno o malo que hayas sido, que estaba en la pulserita puesto.

Claro, tu miras la pulsera y ves: "muy bueno" "bueno" "regular" "malo" o "muy malo" dependiendo de como hayas sido en vida. Pero que vamos, que hasta el destino de los muy malos no está tan mal. Su destino es un pueblo donde se vive bien y eso.

A partir de aquí, ya no pasa nada interesante. Simplemente te asignan un piso o una casa y también un trabajo. Del trabajo te puedes ir cuando quieras, en el mundo de los muertos no hace falta el dinero. La comida te la proporciona Dios a través de tu compañero de piso, que es un ángel, y si quieres ir al cine, pues vas y ya está. No hace falta pagar la entrada ni nada.

La verdad, esta vida está bien, pero yo preferiría seguir vivo, todo es mucho más bonito...

No hay comentarios: